Un nuevo horizonte


Después de casi ocho años aprendiendo de tecnología y compartiendo todo con los lectores tanto de esta plataforma como en la blogosfera de Deia, llegó tiempo de tomarse un respiro.
Como toda relación humana, mi enamoramiento con la tecnología pasó por varias etapas: de la temprana fascinación inicial  (todo en ella me resultaba nuevo y cada día me sorprendía de la velocidad con la que transformaba nuestra realidad) hasta la decepción por los continuos escándalos de las grandes tecnológicas (Facebook, Yahoo!, o Google). En general, el balance fue bueno: a diario aprendía, escribía y lanzaba al mundo digital mis opiniones y experiencias.

Por el camino pasé grandes momentos analizando productos y servicios para empresas de referencia en su sector como HP, Huawei, Sandisk, Acer o Fitbit y descubrí el enorme potencial de la industria 4.0 como elemento diferenciador en la lucha contra el cambio climático y en la responsabilidad social del sector.

Sin embargo, muchas veces es necesario parar y coger aire para avanzar con más energía. Mi nueva situación personal me llevó a la desconexión en septiembre de 2018 y, desde ese momento, con la distancia, pude observar una nueva dimensión más real de la tecnología. La de herramienta de la ciencia. La del instrumento social para, bien utilizado, crear una civilización mejor, más igualitaria, más solidaria y mejor conectada.

Es ahora, que nos enfrentamos a un enorme reto en forma de pandemia que se requerirá de un uso correcto de la ciencia y la tecnología, que siento la necesidad de volver a conectarme y trazar un nuevo plan de futuro con ella. Desde un prisma más responsable y veterano. Con nuevos conocimientos pero, sobre todo, con nuevas preguntas y retos personales que compartir y solventar con todos vosotros.

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